jueves, 25 de agosto de 2016

Paté de Fuá - Nosotros Dos ft Lucía Galán

Paso la vida 
intentando olvidar lo que fuimos 
pero no puedo olvidar 
voy llevando el dolor 
donde quiera que voy 


Paso la vida intentado 
olvidar el pasado 
pero te siento a mi lado 
como una sombra fatal 
un hechizo de amor 
que no puedo olvidar 


Nosotros dos 
Nosotros dos 
seremos siempre una cuenta pendiente 
Una razón sin olvido 
Un sueño dormido 
Que no morirá 
Nosotros dos 
Nosotros dos 
Somos orillas de la misma herida 
Y a la distancia seremos 
Palomas perdidas 
En la oscuridad. 


Y a la distancia seremos 
Palomas pérdidas 
En la oscuridad 

Paso la vida 
intentando escapar de nosotros 
Pero no se ha donde ir 
No es posible escapar 
si estás dentro de mí 

Si con el agua del mar 
Se borrará la pena 
Como una huella en la arena 
Y no queda la señal 
Yo podría tal vez volver a comenzar 


Nosotros Dos 
Nosotros Dos 
Seremos siempre una cuenta pendiente 

Una razón sin olvido 
Un sueño dormido 
Que no morirá 
Nosotros dos 
Nosotros dos 
Somos orillas de la misma herida 
Y a la distancia seremos 
Palomas pérdidas 
En la oscuridad. 


Y a la distancia seremos 
Palomas pérdidas 
En la oscuridad. 

Nosotros Dos 
Nosotros Dos 
Seremos siempre una cuenta pendiente 
Una razón sin olvido 
Un sueño dormido 
Que no morirá 
Nosotros dos 
Nosotros dos 
Somos orillas de la misma herida 
Y a la distancia seremos 
Palomas perdidas 
En la oscuridad. 

Y a la distancia seremos 
Palomas pérdidas 
En la oscuridad...


lunes, 1 de agosto de 2016

01.08.16

Es el sueño inalcanzable, lo más triste y más feliz, ella la que estuvo, la que ya no está, la que no estará, la persona que amo.

Las manecillas van y vienen, el calendario sigue corriendo, la idea, el sentimiento y el deseo se quedan... No vendrá y no iré, se hacen los cálculos y así se como debe de ser, si jamás la hubiese conocido esto sería un vacío sin nombre, pero lo tiene y me acompaña a diario en cada momento. Todo es lo que debe ser.

Tan lejos, lejos, lejos... Ya no hay nada que ofrcer más que un hoyo enorme y negro que carcome todo, todo lo arruina, todo lo marchita... Todo es, lo que debe ser...

lunes, 27 de junio de 2016

miércoles, 9 de marzo de 2016

Fumemos un cigarrillo - Centavrvs Ft. Carla Morrison

Fumemos un cigarrillo 
Para poder conversar 
Tomemos alguna copa 
Tenemos mucho que hablar 

Hablar hablar 
Tenemos mucho que hablar (x4) 

La vida no pasa en vano 
Las horas duelen, Se van 
Todo el amor que tuvimos 
No lo podemos matar 

Matar matar 
No lo podemos matar (x4) 

La noche tiene silencio 
El agua también es mar 
Recordemos nuestras cosas 
También es bueno llorar 

Fumemos un cigarrillo 
Para poder conversar 
La vida no pasa en vano 
Las horas duelen, Se van


Como te extraño mi amor - Café Tacuba

Como te extraño mi amor por que sera, 
me falta todo en la vida si no estas, 
como te extraño mi amor que puedo hacer, 
te extraño tanto que voy a enloquecer, 

Aveces pienso que tu nunca vendrás, 
pero te quiero y te tengo que esperar, 
es el destino me lleva hasta el final, 
donde algún día mi amor te encontrara, 

Ay amor divino, 
pronto tienes que volver. 

como te extraño... 
me falta todo en la vida si no estas, 
como te extraño... 
te extraño tanto que voy a enloquecer, 
aveces pienso que tu nunca vendrás, 
pero te quiero y te tengo que esperar, 
es el destino me lleva hasta el final, 
donde algún día mi amor te encontrara, 

Ay amor divino, 
pronto tienes que volver, 

El dolor es fuerte lo soporto, 
por que vivo pensando en tu amor, 
quiero verte,tenerte y besarte, 
¡entregarte todo mi corazón!


viernes, 26 de febrero de 2016

Extracto de Baila, baila, baila - Haruki Murakami

Yo no soy un tipo raro.
De veras lo creo.
Quizá tampoco pueda decirse que soy un tipo corriente, pero raro no soy. Soy una persona extremadamente cabal, a mi manera. Muy directa. Directa como una flecha. Soy yo mismo de un modo sumamente natural e inevitable. Dado que es un hecho evidente, no me importa demasiado lo que los demás piensen de mí. La manera en que los demás me ven no me atañe. Más bien, eso es algo que sólo les atañe a ellos. 
Algunas personas me consideran más memo de lo que soy en realidad, y otras me estiman en mayor medida de lo que en realidad valgo. Pero me da igual. Además, la expresión «en realidad» sólo se funda en la imagen que he creado de mí mismo. Me consideran un verdadero memo o alguien digno de estima. En ambos casos, me trae sin cuidado. Eso carece de importancia. En este mundo no existen las malinterpretaciones. Apenas, la discrepancia de ideas. Así lo veo yo. 
Por otra parte, hay personas que se ven arrastradas por esa cabalidad que llevo dentro. Son escasas, pero existen. Esas personas —sean hombres o mujeres— y yo nos atraemos y después nos alejamos con toda naturalidad, como astros errantes en el oscuro espacio del cosmos. Vienen a mí, se relacionan conmigo y un buen día se marchan. Se convierten en mis amigos, mis amantes, mi mujer. Algunos también pueden volverse enemigos. Pero, al final, siempre se alejan de mí. Se rinden o se desesperan o se quedan callados (aunque se abra el grifo, ya nada sale) y se marchan. Mi vivienda tiene dos puertas. Una de entrada y otra de salida. No son intercambiables. No se puede salir por la entrada o entrar por la salida. Así está establecido. La gente entra por la entrada y sale por la salida. Hay distintas formas de entrar y salir. Pero al final todos salen. Algunas personas lo hacen a fin de probar nuevas posibilidades y otras para ahorrar tiempo. Otras porque mueren. No queda nadie. En mi apartamento no hay nadie, aparte de mí. Y siempre noto la ausencia de los que se han marchado. Las palabras que pronunciaron, sus alientos, las canciones que susurraron, las veo flotar como polvo en cada rincón de mi apartamento. 
Me da la impresión de que la imagen que todos ellos tenían de mí era bastante precisa. Por ese motivo todos se acercaron a mí y al poco tiempo se marcharon. Fueron testigos de mi cabalidad y de la honestidad —no se me ocurre otra palabra— con que intenté preservar esa cabalidad. Ellos intentaron decirme algo y abrirme sus corazones. Casi todos eran amables. Pero yo fui incapaz de ofrecerles nada. Y aunque hubiera sido capaz, no habría sido suficiente. Me esforcé en darles todo lo que podía. Hice cuanto estaba a mi alcance. A mi vez, buscaba algo en ellos. Pero nunca funcionaba y acababan marchándose. 
Era penoso, sin duda.
Pero lo más penoso es que se marchaban mucho más tristes que cuando habían llegado. Algo en su interior se había gastado un poco más, y se iban. Yo me daba cuenta. Por extraño que pueda parecer, daban la impresión de haberse desgastado más que yo. ¿Por qué será? ¿Por qué siempre soy yo el que se queda? ¿Y por qué en mis manos permanece siempre la sombra de los que se han desgastado? No tengo ni idea. 
Los datos son insuficientes. 
Por eso siempre se me deniegan las respuestas. 
Falta algo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Irse - Mario Benedetti

Cada vez que te vayas de vos misma
no olvides que te espero
en tres o cuatro puntos cardinales

Siempre habrá un sitio dondequiera
con un montón de bienvenidas
todas te reconocen desde lejos
y aprontan una fiesta tan discreta
sin cantos sin fulgor sin tamboriles
que sólo vos sabrás que es para vos

Cada vez que te vayas de vos misma
procurá que tu vida no se rompa
y tu otro vos no sufra el abandono
y por favor no olvides que te espero
con este corazón recién comprado
en la feria mejor de los domingos

Cada vez que te vayas de vos misma
no destruyas la vía de regreso
volver es una forma de encontrarse
y así verás que allí también te espero.

martes, 2 de febrero de 2016

Ves - Sin bandera

Ves que aun te puedo tocar con un dedo de amor
puedo hacerte temblar cuando escuchas mi voz
no esta todo perdido si quema mi fuego en tu piel
cuando digo tu nombre.

Se que no todo acabo el amor sigue aquí
esto no termino tu me miras así como ayer
tiene tanto poder lo que siento
ves que lo nuestro es eterno.

Yo te puedo amar
déjate llevar
Ves que mi amor es tu amor
que tu ausencia es dolor
que es amargo el sabor si no estas, si te vas
y no regresas nunca mas
Que aun te puedo llenar 
con mi piel en tu piel de pasión
que aun se puede salvar la ilusión
para volver a respirar 
en tu corazón

Ves que me acuerdo de cada detalle de ti
que es mi único sueño el hacerte feliz
que no importa lo que haya pasado
no importa el dolor si hoy estas a mi lado

Yo te puedo amar
déjate llevar
Ves que mi amor es tu amor
que tu ausencia es dolor
que es amargo el sabor si no estas, si te vas
y no regresas nunca mas
Que aun te puedo llenar 
con mi piel en tu piel de pasión
que aun se puede salvar la ilusión
para volver a respirar en tu corazón...en tu corazón.

lunes, 25 de enero de 2016

Ella estrella - La Gusana Ciega

Ella estrella, luz 
en tu constelación 
y su amor es el secreto 
la razón de tu dolor 

Ella esta cansada 
de tu conversación 
y prefiere seducirte 
que vender su corazon 

Y se va derramando en el mantel 
y se va desprendiendo de su piel 

Ella es pollo de... 
de lenta combustión 
es de piernas largas 
de moño y de listón 

Y ella sabe donde acariciarte 
y prefiere ser amante 
que ser victima de amor 

Y se va derramando en el mantel 
y se va desprendiendo de su piel 

No es tuya para amar 
No hay nada mas que hablar 
es temporal 

Ella estrena encaje 
pero las deja por 
Ella es mas, ella es mas 
que todo tu color 

Ella sabe cuando 
termina la función 
y exagera sus labios 
como en la televisión 

Y se va derramando en el mantel 
y se va consumiendo sin saber 

No es tuya para amar 
No hay nada mas que hablar 
es temporal 

Es lava de un volcán 
no es tuya para amar 
es temporal 

(Y se va... y se va...) 

Esfera de cristal 
no es tuya para amar 
es temporal


martes, 19 de enero de 2016

Visión y del enigma, "Así habló Zarathustra" - Friedrich Nietzsche

«¡Detente, enano -dije-, o tú, o yo! ¡Pero yo soy el más fuerte! ¡Tú no conoces mi pensamiento abismal! ¡Ése -no podrías soportarlo!»

Entonces ocurrió algo que alivió mi corazón, pues el enano, el muy curioso, saltó desde mis espaldas al suelo y se sentó en cuclillas ante mí, sobre una piedra. En aquel lugar en que nos detuvimos había un portón.

«¡Mira ese portón, enano! -le dije-. Tiene dos caras: dos caminos concurren aquí, que nadie ha recorrido aún hasta su extremo.

Esa larga calle hacia atrás se prolonga una eternidad; y esa larga calle hacia adelante, otra eternidad.

Los dos senderos se contraponen: sus cabezas chocan y convergen en este portón. En él está escrito su nombre: "Instante".

Mas si alguien recorriese uno de ellos, alejándose más y más, ¿crees tú, enano, que se contradirán eternamente?»

«Todo cuanto se extiende en línea recta miente -murmuró con desprecio el enano-. Toda verdad es curva, y el tiempo es un círculo.»

«¡Oh, espíritu de la pesadez! -repliqué, iracundo-, ¡no tomes las cosas tan a la ligera! ¡O te dejaré en cuclillas ahí donde estás, cojitranco! ¡No olvides que yo te he subido a estas alturas!»

Y luego proseguí: «¡Mira este instante! A partir del portón llamado Instante corre hacia atrás una calle sin fin: detrás de nosotros yace una eternidad.

¿Acaso no tendrá que haber recorrido alguna vez esta calle todo cuanto puede correr? ¿Acaso no tendrá que haber ocurrido ya alguna vez cada una de las cosas que pueden ocurrir?

Y si todo ha ocurrido ya, ¿qué piensas tú, enano, sobre el instante presente? ¿No tendrá también este portón que haber existido ya? ¿Y no están todas las cosas anudadas con fuerza, de modo que este instante arrastra tras de sí todas las cosas venideras? ¿Por tanto, incluso a sí mismo?

Pues cada una de las cosas que pueden correr también por esa larga calle hacia adelante, ¿acaso no tienen que volver a recorrer de nuevo su largo camino?

Y esa perezosa araña que se arrastra a la luz de la luna, y esa misma luz de la luna, y yo y tú, que cuchicheamos en este portón sobre cosas eternas, ¿no tenemos todos nosotros que haber existido ya otra vez?

¿Y venir de nuevo, y recorrer aquella otra calle, hacia adelante, que se extiende ante nosotros, aquella calle larga y horrenda? ¿No tendremos que retornar eternamente?»

Así dije con voz cada vez más baja; pues me amedrentaban mis propios pensamientos, y su trasfondo. Entonces, de golpe, oí aullar a un perro allí cerca.

¿Había oído ya alguna vez aullar así a un perro? Mi imaginación me transporta de nuevo a fechas remotas. ¡Sí, a la época de mi infancia, de mi más lejana niñez! Entonces fue cuando oí aullar así a un perro. Y además se apareció ante mí, con los pelos crispados, alargando el cuello, mirando al cielo y tiritando de terror, en la hora más callada de la noche, en esa hora en que hasta los perros creen en fantasmas. Y me dio lástima. Justo en aquel momento la luna llena, en medio de un silencio sepulcral, apareció como un disco de fuego sobre las planas techumbres, como sobre propiedad ajena. Aquello exasperó al perro, pues los perros creen en ladrones y en fantasmas. Cuando nuevamente le oí aullar volví a sentir lástima por él.

Mas ¿qué había pasado con el enano, con el portón, con la araña y con todo el cuchicheo? ¿Habría sido todo un sueño? ¿Estaría ahora ya despierto? De repente me hallé entre peñascos agrestes, solo, abandonado, en el más desierto claro de luna.

¡Pero allí yacía por tierra un hombre! ¡Allí, ante mí! El perro andaba saltando, con el pelo erizado, gimiendo. Ahora él me veía llegar -y entonces aulló de nuevo, gritó. ¿Había oído yo nunca gritar así a un perro pidiendo socorro?

En verdad, jamás había visto nada parecido a lo que entonces vi allí. Un pastorcillo se retorcía en el suelo, anhelante y convulso, con la cara descompuesta: de su boca pendía una gran culebra negra.

¿Había visto yo jamás tal expresión de náusea y de pavor en un solo rostro humano? Quizá aquel pobre pastorcillo dormía cuando la culebra penetró en su garganta y se aferró a ella, mordiendo.

Con la mano tiré del reptil, tiré y tiré -¡en vano! ¡No pude arrancarlo! Entonces se me escapó un grito: «¡Muerde, muerde!»

«¡Arráncale la cabeza, muérdele!», me gritaban mi horror, mi odio, mi asco y mi compasión. Todo en cuanto en mí había, bueno y malo, gritaba en mí, con un único grito.

¡Vosotros los valientes que me escucháis! ¡Vosotros buscadores, indagadores, y cuantos de vosotros se han lanzado con velas astutas a mares inexplorados!, ¡vosotros que amáis los enigmas! ¡Resolved este que yo contemplé entonces, interpretadme la visión del hombre más solitario!

Pues fue una visión y una previsión. ¿Qué símbolo vi yo entonces? Y ¿quién es el que algún día tiene que venir?

¿Quién es el pastor en cuya garganta se introdujo el reptil? ¿Quién es el hombre cuya garganta ha de ser así atacada por las cosas más negras y más pesadas?

Pero el pastorcillo mordió, según le aconsejó mi grito, y mordió con todas sus fuerzas. Escupió lejos de sí la cabeza de la serpiente, y se puso en pie de un salto.

Ya no un pastor, ya no un hombre -¡un transfigurado, un iluminado, reía! ¡Jamás rió tanto sobre la tierra hombre alguno!

¡Oh, hermanos, yo oí una risa que no era risa de hombre!

Y ahora me devora una sed, un insaciable anhelo.

Mi anhelo de esa risa me devora. ¡Oh, cómo soporto el vivir aún! ¡Y cómo soportaría el morir ahora!

Así habló Zarathustra.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Busco a alguien - Flor Amargo feat. Mon Laferte

Busco a alguien 
que me pueda ayudar 
y me pueda entender 
y me quiera... sacar de aquí... 
quiero encontrar 
a alguien al fin 
que pueda entenderme y comprender... 

Un nuevo amor quiero sentir 
una ilusión para vivir 
para desnudar el alma 
a plena luz del sol y gritarte, 
a besos, que adoro... tu voz 

Yo ya perdí toda ilusión 
de encontrarme, a alguien así 
pero si estas y me oyes al fin 
pon atención, que te quiero decir... 
Te llevare hasta el final 
Te besare, a la orilla del mar 
Para desnudar el alma a plena luz del sol 
y gritarte, a besos, que adoro... Tu voz 

Para desnudar el alma a plena luz del sol 
y envolver tus sueños... 
En oro y pasión 
No me canso de buscar 
no me canso de inventar 
para mi sólita, soledad 
podríamos reinventar, 
la palabra antigüedad 
la palabra amistad, 
pues lo único que busco 
es un amigo nada mas que comprenda mi locura, 
sin pensar en nada mas y caminando por la tierra. 

Yo seguiré buscando a alguien, 
yo seguiré buscando a alguien, 
yo seguiré buscando a alguien... y
yo seguiré buscando a alguien, 
yo seguiré... Buscando. A alguien.


martes, 17 de noviembre de 2015

Slow burn - Apocalyptica


I burn for you every time I hear your name
When I think I see your face, I know, it must be madness
I feel the sting striking at me like a match
Anything to bring you back - if only for a moment
I can feel your slow burn growing in me
Everywhere I go, you're right there with me... holding on, ever long
Wish I could forget I could not remember, all I have left is the ash and embers
Permanent. Smoldering
Just like a slow burn, stay with me forever
I can't let you ever fade away
Just like a slow burn, say you'll never let me down and never go out
I fall apart like paper put to flame
The life we had reduce to ashes right before us
Every hurtful word, burned into my side
Much to hard to speak, scarred to deep to hide
Just like a slow burn, stay with me forever
I can't let you ever fade away
Just like a slow burn, say you'll never let me down
And never go out, my slow burn, burning me down
I walk the fire - I feed the flame
I'd walk the fire - I'd feel your flame
Just like a slow burn, stay with me forever
I cant let you ever fade away
Just like a slow burn, lay with me forever
Our light it shines forever, never fades away
Just like a slow burn, stay with me forever
I can't let you ever fade away
Just like a slow burn, say you'll never let me down
Please never go out, my slow burn, burning me down


lunes, 19 de octubre de 2015

19 de octubre

Y no importa donde vaya, siempre será lo mismo, mi pensamiento tiende a ti, no hay día que no sea así, te pienso, te extraño, me dueles... Tanto tiempo ha pasado y ya nada queda entre los dos más que un lapso breve donde existimos los dos.

No me piensas, ya encontraste quien te complementara, quien fuera eso que buscabas, como hubiera deseado ser una persona más completa para ti, pero no me fue posible, el abismo de la tristeza que me consumía aún cuando estabas tu es inmenso.

Eres la única personas con la que he hecho enteramente conexión, por la que me estaba esforzando tanto, las respuestas estaban ahí, ahora no hay nada, todo esta perdido, inmensamente absorto en mi dolor todo esta nublado. No hay nadie como tu y no quiero a nadie más conmigo, tu recuerdo y la añoranza siempre estarán presentes, no hay escapatorias, eres el amor de mi vida, la única, la eterna.

lunes, 28 de septiembre de 2015

28 de Setiembre

Cuantas lunas de sangre pasarán antes de que pueda volver a verte, cuantas lunas de sangre habrán de pasar para entender que jamás te volvefe a ver...

lunes, 14 de septiembre de 2015

La Insoportable Levedad del Ser / Cap. 6 (Primera Parte) - Milan Kundera

El acuerdo tácito sobre la amistad erótica presuponía que Tomás dejaba el amor fuera de su vida. En cuanto incumpliese esta condición, sus demás amantes se encontrarían en una posición secundaria y se rebelarían.

Por eso buscó para Teresa un piso de alquiler al que ella tuvo que llevar su pesada maleta. Quería velar por ella, defenderla, disfrutar de su presencia, pero no sentía necesidad de cambiar su estilo de vida. Por eso no quería que se supiera que Teresa dormía en su casa. Dormir juntos era, en realidad, el corpus delicti del amor.

Nunca dormía con las demás amantes. Cuando iba a verlas a sus casas, la cuestión era sencilla, podía irse cuando quería. Peor era cuando ellas estaban en casa de él y había que explicarles que a medianoche debía llevarlas a sus casas porque tenía problemas de insomnio y era incapaz de dormir en la inmediata proximidad de otra persona. Aquello no estaba muy lejos de la verdad, pero la causa principal era peor y no se atrevía a contársela: en el mismo momento en que terminaba el acto amoroso sentía un deseo insuperable de quedarse solo; despertarse en medio de la noche junto a una persona extraña le desagradaba; levantarse por la mañana junto con alguien le producía rechazo; no tenía ganas de que nadie oyese cómo se limpiaba los dientes en el cuarto de baño y la intimidad del desayuno parados no le atraía.

Por eso se sorprendió tanto cuando se despertó y Teresa cogía con fuerza su mano. La miraba y no podía entender qué había pasado. Se acordaba de las horas que acababan de pasar y le parecía que de ellas se desprendía el perfume de quién sabe qué felicidad desconocida.

Desde entonces los dos disfrutaban durmiendo juntos. Diría casi que el objetivo del acto amoroso no era para ellos el placer sino el sueño que venía después de aquél. Ella, en particular, no podía dormir sin él. Cuando alguna vez se quedaba sola en su piso alquilado (que iba convirtiéndose cada vez más en una simple tapadera), no podía conciliar el sueño en toda la noche. En sus brazos se dormía por más excitada que estuviera. Él le susurraba al oído historias que inventaba para ella, cosas sin sentido, palabras que repetía monótonamente, consoladoras o chistosas. Aquellas palabras se convertían en visiones confusas que la transportaban hasta el primer sueño. Tenía el sueño de ella totalmente en su poder y ella se dormía en el instante que él elegía.

Cuando dormían, se aferraba a él como la primera noche: se cogía con fuerza de su muñeca, de su dedo, de su tobillo. Si quería alejarse sin despertarla, debía utilizar algún truco. Liberaba el dedo (la muñeca, el tobillo) de su encierro, lo cual siempre la despertaba a medias, porque ni aun dormida dejaba de vigilar atentamente lo que él hacía. Se calmaba cuando en lugar de su muñeca ponía en su mano algún objeto (un pijama retorcido, un zapato, un libro) que ella luego apretaba firmemente como si fuera parte del cuerpo de él.

Una vez, mientras la adormecía y ella no había pasado aún de la primera antesala del sueño, de modo que todavía era capaz de responder a sus preguntas, le dijo: «Bueno. Yo ahora me voy». « ¿Adonde?», le preguntó. «Me voy», dijo con voz severa. « ¡Voy contigo!», dijo y se incorporó. «No, no puedes. Me voy para siempre», dijo y salió de la habitación al vestíbulo. Ella se levantó y con los ojos entrecerrados fue tras él. No llevaba más que un camisón corto, sin nada debajo. Su cara permanecía impasible, inexpresiva, pero sus movimientos eran enérgicos. El salió del vestíbulo al pasillo (el pasillo común del edificio) y cerró la puerta. Ella la abrió bruscamente y fue tras él, convencida en su sueño de que quería irse para siempre y de que debía detenerlo. El bajó las escaleras hasta el primer descansillo y allí la esperó. Ella llegó hasta él, lo cogió de la mano y se lo llevó de regreso a la cama.


Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer).

14 de septiembre

Hace ya poco más de un año que todo acabó, tanto he perdido, ya no salgo a conocer nuevos lugares, he dejado de cocinar, detestó cada día más estar rodeado de personas, la vida se ha vuelto tan insoportable, esta tristeza anegada crece y crece, alimenta mis ideas.

Para mi el hecho de alejarme fue lo que mejor pude hacer, ya sabía yo cuanto perdía pero era mejor así, encontré lo que buscaba, pero no estaba decidido que fuera para mi, que tristeza al final entenderlo, es mejor así, no estorbo en su vida y ella es feliz, al menos lo ultil que cocine, fue para ella...

jueves, 10 de septiembre de 2015

Te pienso sin querer - Franco de Vita Ft. Gloria Trevi

Hoy me he levantado y ya perdí la cuenta, Si te fuiste hace un rato o ya son mil años que, No vives aquí, Con las telarañas de cada rincón, De esta desolada y triste habitación será, Que tengo que limpiar, Cada recuerdo tuyo, Tus huellas que en mi piel, Aún se dejan ver, Tu nombre que no sé olvidar, Perdóname, Entiéndeme, Si pienso en ti otra vez, No fuiste tú quien se marchó, Que va fui yo, Fui yo que no te supe retener, No fuiste tú quien dijo no, Y te pienso sin querer, Hoy me he levantado y ya perdí la cuenta, Cuánto puse de mi parte o en qué parte de este cuento fue, Que yo te perdí, Y me doy la vuelta imaginándome, Que en cualquier momento vas aparecer, Será, Que yo tengo que olvidar, A ver lo que hay que hacer, Si aún te puedo ver, Si aún te puedo oler, Si aún me lates en la sien, Perdóname, Entiéndeme, Si pienso en ti otra vez, No fuiste tú quien se marchó, Que va fui yo, Fui yo que no te supe retener, Perdóname, Entiéndeme, Me preguntaba qué, Qué había de mi antes de ti, No sé, Yo creo que empecé a vivir después de que te conocí, Perdóname, Entiéndeme, Si pienso en ti otra vez, No fuiste tú quien se marchó, Que va fui yo, Fui yo que no te supe retener, Perdóname, Entiéndeme, Y te pienso sin querer, Y te pienso sin querer.


La Insoportable Levedad del Ser / Cap. 4 (Primera Parte) - Milan Kundera

Pero luego, un día, en un descanso entre dos operaciones, la enfermera le avisó que le llamaban al teléfono. En el auricular oyó la voz de. Teresa. Le llamaba desde la estación. Se alegró. Era una lástima que para esa misma noche ya hubiera quedado en ir a visitar a unos amigos, de modo que la invitó a venir a su casa al día siguiente. En cuanto colgó se arrepintió de no haberle dicho que viniera en seguida. ¡Si aún tenía tiempo de aplazar la visita! Se puso a pensar en qué podría hacer Teresa en Praga teniendo que esperar nada menos que treinta y seis horas hasta verlo, y le dieron ganas de coger el coche e ir a buscarla por las calles de la ciudad.

Llegó al día siguiente al anochecer, llevaba un bolso colgado del hombro con una correa larga y le pareció más elegante que la otra vez. Tenía en la mano un libro grueso. Era Ana Karenina de Tolstoi. Su comportamiento era alegre, incluso un tanto ruidoso, y trataba de que pareciera que había ido a verle por casualidad, gracias a una feliz coincidencia: estaba en Praga por motivos de trabajo o quizá (sus explicaciones eran muy confusas) para ver si encontraba un trabajo.

Estaban acostados, más tarde, desnudos y fatigados, los dos juntos en la cama. Era ya de noche. Él le preguntó dónde se alojaba, para llevarla en coche. Le respondió tímidamente que todavía no había buscado hotel y que la maleta la tenía en la consigna de la estación.

Ayer mismo había tenido miedo de que, si la invitaba a visitarle en Praga, viniera a ofrecerle toda su vida. Cuando ahora le dijo que tenía la maleta en la consigna, se dio cuenta de inmediato de que en esa maleta estaba toda la vida de ella y de que la había dejado momentáneamente en la estación antes de ofrecérsela.

Cogió el coche que estaba aparcado delante del edificio, fue hasta la estación, recogió la maleta (era grande y enormemente pesada) y regresó a casa, con la maleta y con ella.

¿Cómo es posible que se decidiera con tanta rapidez cuando había estado casi catorce días dudando y sin ser capaz de enviarle ni siquiera una postal con un saludo?

El mismo estaba sorprendido. Estaba actuando en contra de sus principios. Hace diez años se divorció de su primera mujer y vivió el divorcio con el ánimo festivo con que otros celebran su boda. Se daba cuenta de que no había nacido para convivir con una mujer y de que sólo podía encontrarse plenamente a sí mismo viviendo como un solterón. Puso todo su empeño en organizarse tal sistema de vida que nunca pudiera ya entrar en su casa una mujer con su maleta. Ese era el motivo por el cual no tenía en su casa más que una cama. A pesar de que era una cama bastante ancha, Tomás les decía a todas sus amantes que era incapaz de dormir si compartía la cama con alguien y las llevaba a todas a medianoche a sus casas. Por lo demás, la primera vez que Teresa se quedó en su casa con la gripe, nunca durmió con ella. La primera noche él la pasó en un sofá grande y la noche siguiente se marchó al hospital, donde tenía su despacho y en él una camilla que utilizaba durante las guardias.

Pero esta vez se durmió a su lado. Por la mañana se despertó y comprobó que Teresa, que aún  dormía, lo tenía cogido de la mano. ¿Habrían estado así durante toda la noche? Le parecía difícil creerlo.

Ella respiraba profundamente entre sueños, apretaba su mano (con fuerza, no fue capaz de lograr que se la soltara), y la maleta enormemente pesada estaba a su lado, junto a la cama.

Temía intentar que le soltara la mano, por no despertarla, y con mucho cuidado se dio media vuelta hasta apoyarse en un costado para poder observarla mejor.

Volvió a imaginar que Teresa era un niño al que alguien había colocado en un cesto untado con pez y lo había mandado río abajo. ¡No se puede dejar que un cesto con un niño dentro navegue por un río embravecido! ¡Si la hija del faraón no hubiera rescatado de las olas el cesto del pequeño Moisés, no hubiera existido el Antiguo Testamento ni toda nuestra civilización! Hay tantos mitos que comienzan con alguien que salva a un niño abandonado. ¡Si Pólibo no se hubiera hecho cargo del pequeño Edipo, Sófocles no hubiera escrito su más bella tragedia!


Tomás no se daba cuenta en aquella ocasión de que las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La Insoportable Levedad del Ser / Cap. 3 (Primera Parte) - Milan Kundera

Pienso en Tomás desde hace años, pero no había logrado verlo con claridad hasta que me lo iluminó esta reflexión. Lo vi de pie junto a la ventana de su piso, mirando a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente, sin saber qué debe hacer.

Se encontró por primera vez a Teresa hace unas tres semanas en una pequeña ciudad checa. Pasaron juntos apenas una hora. Lo acompañó a la estación y esperó junto a él hasta que tomó el tren. Diez días más tarde vino a verle a Praga. Hicieron el amor ese mismo día. Por la noche le dio fiebre y se quedó toda una semana con gripe en su casa.

Sintió entonces un inexplicable amor por una chica casi desconocida; le pareció un niño al que alguien hubiera colocado en un cesto untado con pez y lo hubiera mandado río abajo para que Tomás lo recogiese a la orilla de su cama.

Teresa se quedó en su casa una semana, hasta que sanó, y luego regresó a su ciudad, a unos doscientos kilómetros de Praga. Y entonces llegó ese momento del que he hablado y que me parece la llave para entrar en la vida de Tomás: está junto a la ventana, mira a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente y piensa:

¿Debe invitarla a venir a vivir a Praga? Le daba miedo semejante responsabilidad. Si la invitase ahora, vendría junto a él a ofrecerle toda su vida.

¿O ya no debe dar señales de vida? Eso significaría que Teresa seguiría siendo camarera en un restaurante de una ciudad perdida y que él ya no la vería nunca más.

¿Quería que ella viniera a verle, o no quería?

Miraba a través del patio hacia la pared de enfrente y buscaba una respuesta.

Se acordaba una y otra vez de cuando estaba acostada en su cama: no le recordaba a nadie de su vida anterior. No era ni una amante ni una esposa. Era un niño al que había sacado de un cesto untado de pez y había colocado en la orilla de su cama. Ella se durmió. Él se arrodilló a su lado. Su respiración afiebrada se aceleró y se oyó un débil gemido. Apretó su cara contra la de ella y le susurró mientras dormía palabras tranquilizadoras. Al cabo de un rato sintió que su respiración se serenaba y que la cara de ella ascendía instintivamente hacia la suya. Sintió en su boca el suave olor de la fiebre y lo aspiró como si quisiera llenarse de las intimidades de su cuerpo. Y en ese momento se imaginó que ya llevaba muchos años en su casa y que se estaba muriendo. De pronto tuvo la clara sensación de que no podría sobrevivir a la muerte de ella. Se acostaría a su lado y querría morir con ella. Conmovido por esa imagen hundió en ese momento la cara en la almohada junto a la cabeza de ella y permaneció así durante mucho tiempo.

Ahora estaba junto a la ventana e invocaba ese momento. ¿Qué podía ser sino el amor que había llegado de ese modo para que él lo reconociese?

Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era evidentemente desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? ¡Y su subconsciente era tan cobarde que había elegido para esa comedia precisamente a una pobre camarera de una ciudad perdida, que no tenía prácticamente la menor posibilidad de entrar a formar parte de su vida!

Miraba a través del patio la sucia pared y se daba cuenta de que no sabía si se trataba de histeria o de amor.

Y le dio pena que, en una situación como aquélla, en la que un hombre de verdad sería capaz de tomar inmediatamente una decisión, él dudase, privando así de su significado al momento más hermoso que había vivido jamás (estaba arrodillado junto a su cama y pensaba que no podría sobrevivir a su muerte).

Se enfadó consigo mismo, pero luego se le ocurrió que en realidad era bastante natural que no supiera qué quería:

El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores.

¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?

No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro.


«Einmal ist keinmal», repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.